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05:22h. Lunes, 21 de Mayo de 2018

Los trajes de Pla y Morera Gotera y Otilio

Crecí en la Valencia de los quiebros negros de aquel Cagancho de Fermín Bohorquez, del bisoño gamberrismo del Barrio del Carmen. De la liga de Albelda, Marchena y Mista.

Cristina Seguí
Cristina Seguí

Soy de la ciudad que hizo girar la espalda al mundo con la Pirotecnia Caballer y, entre todo aquel ecosistema, crecí en la Valencia del “hijo de puta, devuelve el dinero” de la izquierda nacionalista de Puig y Oltra frente a la puerta de Camps y sus hijos. Cientos de personas se acumulaban en los cien metros de aquella calle, salvo si sonaban las salvas de algún cutre aquelarre pancatalanista en el que los líderes del PSPV y Compromís repartían sumisión a Cataluña y bocatas de chopped. Aquella cotidianidad formaba parte del ecosistema de la ciudad, como Malasaña en Madrid, como Larra para la literatura española, y como el Impala en el Serenguetti.

Y, tras más de lustro y medio de mafia aldeana, esa izquierda accedió al poder organizada en aquel maridaje de comunistas y chachas del procesismo llamado el “Gobierno del mestizaje” gracias a cuatro trajes pagados y a la Gürtel.

Hace dos semanas todo dio la vuelta en una suerte de analogías fascinantes traducidas en la nueva trama de financiación irregular y falsedad documental del PSPV y Compromís remontada a las campañas autonómicas del 2007 y nacionales del 2008. Joan Ignasi Pla y Enric Morera, los candidatos de ambos partidos, de esa izquierda que “no roba, sino que reparte”, untados por empresas como Hospinar, Ibérica S.A, Blauverd, Lubasa, Metrovacesa, Egevasa y Aguas de Valencia con la generosidad y el esmero de un septuagenario que ha conocido a su primera amante por catálogo. Y en esa orgía incluso Narbona y ZP bajaron al barro para estafar a los agricultores valencianos con las desadoras que han enterrado sus campos de deudas y de salitre.

Observen el primer parecido razonable entre el caso Gürtel y Crespo Gomar: Tras la absolución de Camps por un juzgado popular menoscabado y deslegitimado por el PSPV en un ataque del poder político al poder judicial sin precedentes, el 9 de abril de 2013 el Supremo da carpetazo al famoso caso de los trajes en un proceso que duró 45 días, 26 sesiones, más de 160 portadas a El País, y cientos de caricaturas del ex presidente en cientos de tertulias de la izquierda caviar. Hoy sabemos que, entretanto, Crespo Gomar facturó los trajes de Plá a Blauverd por 4.190 pavos. Delicioso, Los Trajes de Camps, elevados a la categoría de denominación de origen valenciano eran en realidad Los Trajes de Plá y de ese PSPV cuya única aportación a la Comunidad fue ensuciarla en el mapa nacional por rédito político.

Ojo a la siguiente maravilla poética: tras una nueva imputación a Camps en febrero, el presidente de las Cortes Valencianas, Enric Morera declara en una radio autonómica que “ahora los ciudadanos pueden estar tranquilos con el uso que ahora se hace de su dinero”. Un mes más tarde éste se marca un Bárcenas Gotera y Otilio al asegurar que la dirección de Compromís “todavía no ha encontrado los discos duros con los apuntes contables de la formación, pero que sus cuentas son públicas y transparentes”. Finalmente, 739.217 euros han sido encontrados en el petate del periodista de tribunales de El Mundo en el caso de ilusionismo más fascinante desde la fuga de Alcatraz en 1987 de David Copperfield.

Los bronceados de Ricardo Tubbs, los 3000 euros en condones o los viajecitos en avionetas por 25.000 euros vienen a terminan con el sacramento incuestionable de que la izquierda nunca se abandona al desorden pecuniario ni a los placeres deshonestos. Les auguro años destape de esta mafia en el que, por descontado jugará un papel fundamental este medio.